Red nacional de protección al consumidor

Preguntas Frecuentes

17. En materia de programas de aprendizaje del idioma Inglés

  1. ¿Los proveedores de material educativo y que además ofrecen asesorías para la enseñanza, son responsables por la información que suministran y la expectativa que general al consumidor?
  2. ¿Si en el contrato quedó establecido que el objeto del mismo es la venta de un material didáctico y no un curso tal y como le fue informado al consumidor, cual es la posición de la SIC?

Si. El derecho del consumidor en cuanto a la información, no empieza a partir del momento de la celebración del contrato sino desde el momento mismo en que se suministra información respecto de los bienes que se van a comercializar.

Con esta información, el consumidor inicia su proceso de interprestación natural y obvia, que sin llegar a ser profunda, científica y técnica le permita obtener los elementos necesarios para formarse una opinión del producto que le están ofreciendo. El consumidor se basa en las promesas que realizan los proveedores y que le suministran a través de la información sobre las características y beneficios que brinda el producto, construyendo de esta manera su expectativa, es decir su esperanza de lo que pretende obtener.

Por lo tanto, es reprochable la información que conduce al consumidor a una situación de decepción, cuando del resultado del análisis de las promesas frente al producto entregado resulta engañado.

Generar la expectativa en un consumidor respecto a que lo va a recibir es un curso o un método que le permitirá adquirir destrezas en el manejo del idioma inglés y lo que recibe es un material didactivo, ha sido de manera reiterada censurado por la SIC mediante la configuración de información engañosa.

La SIC en estos casos consideró que a partir de la información suministrada, los consumidores esperan recibir un curso tradicional, en donde los estudiantes están guiados por un profesor y no que estaban adquiriendo un material didáctico.

Bajo ninguna perspectiva puede concluirse que es lo mismo promocionar un curso de inglés que un material didáctico para aprender inglés, en tanto que ambos productos tienen unas características especiales.
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Los investigados con frecuencia construyen argumentos en los que afirman que la SIC realizó una interpretación equívoca del material probatorio obrante en el expediente, consideran que la SIC no se percató de que lo que se vendió fue un material de auto aprendizaje y no un curso de inglés, como lo afirman los quejosos, lo cual se encontraba consagrado en los contratos suscritos por quejosos. Frente a esta consideración la SIC se ha pronunciado, "No erró entonces esta Superintendencia cuando concluyó que la información suministrada no cumplía - como pretendiera el recurrente - en la valoración del contrato suscrito pues como se ha expuesto a lo largo del presente acto administrativo, lo que se analiza para establecer si se infringieron o no las normas pertinentes es el mensaje que se transmitió con la información suministrada, que es precisamente el que lleva al consumidor a optar la decisión de suscribir el contrato.

Por ello, las cláusulas contractuales no pueden ser alegadas para exonerarse de una información previa, no veraz e insuficiente. Esto reviste especial importancia, pues aquí radica una de las primeras y mayores diferencias entre el tradicional derecho civil de las obligaciones y los contratos frente a las normas de protección al consumidor".

Con esta información, el consumidor inicia su proceso de interpretación natural y obvia, que sin llegar a ser profunda, científica y técnica le permita obtener los elementos necesarios para formarse una opinión del producto que le están ofreciendo.

El consumidor se basa en las promesas que realizan los proveedores y que le suministran a través de la información sobre las características y beneficios que brinda el producto, construyendo de esta manera su expectativa, es decir su esperanza de lo que pretende obtener.

Por lo tanto, es reprochable la información que conduce al consumidor a una situación de decepción, cuando del resultado del análisis de las promesas frente al producto entregado resulta engañado.

Generar la expectativa en un consumidor respecto a que lo que va a recibir es un curso o un método que le permitirá adquirir destrezas en el manejo del idioma inglés y lo que recibe es un material didáctico, ha sido de manera reiterada censurado por la SIC mediante la configuración de información engañosa.

La SIC en estos casos consideró que a partir de la información suministrada, los consumidores esperan recibir un curso tradicional, en donde los estudiantes están guiados por un profesor y no que estaban adquiriendo material didáctico.

Bajo ninguna perspectiva puede concluirse que es lo mismo promocionar un curso de inglés que un material didáctico para aprender inglés, en tanto que ambos productos tienen unas características especiales.
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